Si ya llegó el día en el que me di cuenta que sin ti estoy mejor, y con “ti” hago énfasis en todos, pero carajo como hace ruido, haz de cuenta que te explotó algo, no estás completo ni feliz, pero tampoco estás triste y es que es este sentimiento tan confuso y difuso que no es tan fácil de explicar, como sea ninguno de ustedes entendería. Sin mal entendidos por favor, es simplemente que nadie tiene mi corazón y hoy lo presumo, me fascina ser quien soy y me fastidia mi invisibilidad social, a veces, pues en ocasiones si es bueno que nadie te vea.
1. ¿Visible o invisible?
Totalmente invisible, así me protejo de toneladas de gente basura que solo apantallan con los primeros segundos que le veo de no-cercas.
Visible, pues es bueno ser el centro de atención, todos te quieren tener cerca, platicar contigo, tomarse una cheve, presentarte a otras personas, llegas a conocer de extremos que van desde presumirte con los suyos hasta fingir que les interesa tu vida, pero no es así nadie lo hace, al menos que estés pensando que tú si lo tienes, bien pues lee esto en otro momento pisciano, cuando ya te haya ganado.
He formado parte de los dos lados, y quiero decir que me siento orgullosa, una tacha más en el frasco, digo… de la lista de cosas por hacer.
Fui una maldita perra y fue genial, humillé, me burlé, me adularon y crecí en mi pequeño mundo influenciado por un sinfín de ermitaños autóctonos que al final me aburrían, pues nunca puedes estar seguro de que es lo que quieres, entonces ¿por qué no probar ambos lados?, ¿Qué puede salir mal?
Error número uno.
Tuve que iniciar por el lado rosa para darme cuenta de que me va más el morado.
No necesito que la gente me diga que le encanta mi cabello, ni que repitan mis chistes infundados para sentirme genial, soy genial, en verdad lo soy y ni las personas ni la misma bragueta me harían más feliz que mi seguridad ante esto.
